Hoploscaphites_ammonite.jpeg
Ammonite
En unidades anteriores hemos visto cómo se forma el relieve de la Tierra, ese rostro de Gea que en sus arrugas, como una persona de edad, tiene registrada su propia historia. Cada montaña, cada roca, cada valle, cada fósil, cada paisaje - en definitiva - nos muestran la biografía de Gea, la historia de la Tierra. Los sedimentos marinos que hoy podemos encontrar elevados en los pliegues de las montañas, la dureza del granito, las rocas calizas que nos hablan de antiguos océanos o las areniscas que nos hablan de antiguas dunas, son testigos de esa historia. Una historia que se ha escrito entre orogenias y largos milenios de erosión, en los que el agua, el viento y el hielo han ido configurando la superficie de nuestro planeta. Tras cualquier paisaje hay una historia y las pruebas que nos ayudan a escribirla las tenemos delante. Una historia que comienza en las orogenias y que la erosión termina por definir.

Bellacartwrightia_species_trilobite.jpeg
Trilobite
Podemos intentar comprender la geografía desde esta perspectiva, la que nos lleva a buscar la razón de las cosas, razones que una vez relacionadas nos sirvan para entender un paisaje. Estamos lejos de aquel tiempo remoto en el que las cosas no tenían nombre, aquel del que nos hablaba García Marquez en el inicio de "Cien años de soledad". Hoy todo tiene un nombre, las montañas, los ríos, los continentes y los accidentes han sido nombrados con topónimos. Muchos de ellos nos remiten a sus orígenes míticos de tal modo que el atlas recoge constantes referencias a aquellos orígenes legendarios.

Creo que hemos aprendido a estas alturas no sólo las dinámicas básicas que explican la apertura de los océanos, los mares interiores o las montañas, sino también las razones que hay detrás de que las veamos tal y como se nos presentan hoy. Nos toca ahora aprendernos los nombres. El nombre por si sólo dice poco, para darle sentido nos tiene que remitir a una imagen, a una historia, a un contenido. La toponimia (el estudio del nombre de los lugares) es más que un ejercicio de memorización. Los nombres también nos cuentan una historia. A menudo los topónimos quedan como el único rasgo que queda de antiguas poblaciones que ocuparon el territorio, otras veces nos hablan de los orígenes legendarios de los lugares que nombran, a veces remiten a los antiguos propietarios de aquellas tierras o a los usos que estos terrenos tuvieron. Así encontramos Navas donde ya no hay nava alguna, Robledales donde no queda ni sombra de un árbol o Endrinales donde no hay endrinas. También nos hablan de la historia, así muchos topónimos tienen origen árabe en nuestro país: Guadalquivir, Guadarrama, Gibraltar, Madrid, o Guadalix...., son ejemplos. Otros remiten al pasado romano, ciudades como Mérida o Tarragona, o a los nombres antiguos de la Península, el Iber de Ibérica es nuestro Ebro, que es el nombre que nos dieron los romanos. Decimos "cantábrico" y nos acordamos de los cántabros, el pueblo que vivía en aquellas montañas o pronunciamos Galicia y nos remitimos al pasado celta de esa zona (los celtas se llamaban a sí mismos, galos)
Pero el relieve es también historia geológica, la posición que cada cordillera tiene en el atlas nos remite a las primitivas orogenias, a los desplazamientos tectónicos que hemos visto o a esos espacios circundados de volcanes y sometidos a constantes terremotos que orlan las placas. Ver las montañas y el relieve es mirar un retrato desleído del pasado, como os he dicho muchas veces, ahí están los restos de antiguos mares de corales, el tiempo detenido en el que la Bretaña francesa y Asturias formaban una sola pieza, el remoto tiempo en el que los volcanes rugían en las llanuras de Ciudad Real.
Empecemos este recorrido geológico por la Península Ibérica. En primer lugar debemos destacar, puesto que ya lo sabemos que la Península está compuesta por materiales diferentes, unos más antiguos y más duros, los que forman parte de la meseta y otros más blandos y plásticos que son más modernos y que fueron plegados en la última Orogenia, la Alpina (hace unos 35 m.a.). Todos esos movimientos dan como resultado el relieve peninsular que tenemos en la fotografía de abajo.

piberica_fisica.jpeg

En este mapa tenemos todas las grandes unidades de relieve que podemos encontrar en la Península Ibérica. Estas grandes unidades de relieve son las cordilleras y macizos montañosos, la meseta central y las depresiones. Como podéis observar en los dos mapas en de arriba y el de abajo, la Península Ibérica mantiene una elevada altitud media que está determinada por la amplitud de la meseta (está a unos 600 m. de altitud media) y por las grandes cordilleras que la circundan. Podríamos esquematizar el relieve de la Península como en la leyenda del mapa

a) Meseta Central: La gran Meseta Castellana subdividida en Submeseta Norte y Submeseta Sur y atravesadas respectivamente por el Duero y el Tajo
b) Montañas interiores (en la Meseta Central): El Sistema Central y los Montes de Toledo
c) Montañas que bordean la Meseta: La orla montañosa de la Meseta; El Mazizo Galaico (con los Montes de León), la Cordillera Cantábrica, El Sistema Ibérico, Sierra Morena
d) Montañas exteriores a la Meseta: El Sistema Bético, los Pirineos y su parte occidental (los Montes Vascos), la Cordillera Costero Catalana
e) Depresiones exteriores: La Depresión del Ebro, del Guadalquivir, y ya en Portugal, la Depresión Atlántica

unidadesmorfologicas.gif
Estos relieves se corresponden con las siguientes grandes unidades morfoestructurales, que nos hablan de esa historia que contábamos al principio. Estas unidades morfoestructurales son las que explican el relieve, las que nos distinguen los relieves más antiguos y los más modernos y también su composición. Si observáis, desde el Sistema Ibérico hacia el oeste se abre Meseta, está pintada en verde y en las depresiones del Duero y del Tajo en amarillo. Todo ese espacio forma parte de un antiguo zócalo (un escudo) de origen muy antiguo (en la orogenia Hercínica - 350 m.a.) y es la columna vertebral de toda la península. Toda esa meseta esta construída de materiales antiguos y duros (granitos, gneiss....), y esos materiales son los que vemos aflorar en la Sierra de Guadarrama. En las zonas rayadas dentro de la meseta podemos observar estos relieves rejuvenecidos (vueltos a levantar) durante la Orogenia Alpina, ahí encontramos parte de la Cordilera Cantábrica (la parta oeste), el Macizo Galaico, el Sistema Central y los Montes de Toledo. Las partes más hundidas son las que forman las depresiones interiores de la Meseta, la del Duero y la del Tajo (recordad lo que vimos sobre relieves fallados).
Alrededor de la meseta encontramos una serie de cordilleras y depresiones que se aprietan contra la meseta y que están fuera de ella o la rodean. Entre las que la roden están la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico y parte de las cordilleras Béticas. Sierra Morena sería el borde sur de la meseta, un borde abrupto que cae sobre una gran depresión que separa la meseta de las Béticas, la Depresión del Guadalquivir. Al otro lado del sistema Ibérico otra gran depresión, la del Ebro, separa los Pirineos de los bordes orientales de la meseta, que se elevan en ese citado Sistema Ibérico.
Podéis observar también el modo en el que la red hidrográfica (los ríos) está dispuesta en la Península Ibérica. En primer lugar podéis observar como la mayor parte de los grandes ríos españoles van de Este a Oeste. (El MIño, el Duero, El Tajo, el Guadiana y el Guadalquivir). Eso se debe a que la meseta está basculada (inclinada) hacia el oeste, de modo que los ríos corren hacia el Atlántico. El único gran río que escapa a esa característica es el Ebro, que discurre hacia el oeste y que cruza toda la depresión a la que da nombre entre el Sistema Ibérico y los Pirineos. También escapan a esa característica los pequeños ríos del norte (los que nacen en la Cordillera Cantábrica y desembocan en el Mar Cantábrico) y los ríos levantinos, que nacen en las vertientes este de las Béticas o el Sistema Ibérico, y que desembocan también en el Mediterráneo.

unidadesmorfologicas2.gif
La red hidrográfica ibérica está determinada por estos macizos. La Meseta esta "basculada" hacia el oeste. Siendo la principal unidad, eso supone que la mayor parte de los ríos peninsulares desembocan en el Atlántico. Al norte la cordillera Cantábrica y su cercanía al mar determina el curso de los ríos del norte, ya que la corta distancia entre las montañas y el mar suponen, por un lado que la pendiente que salvan es muy pronunciada y que bajan con fuerza excavando profundos valles, la cantidad de precipitación del clima oceánico de la zona - muy abundante a lo largo de todo el año - supone que además estos ríos tengan un caudal importante, a pesar de que no tienen grandes afluentes o que su curso sea muy corto.

MAPA3.jpg
Por contra, los ríos de la meseta tienen afluentes muy largos, que recorren largas distancias desde las montañas hasta el curso principal. En este caso, el caudal depende de la precipitación que evacuan desde la cabecera, en las montañas del norte es mayor y en los afluentes que parten del sur de la submeseta norte o de la submeseta sur, es mucho más limitado.
Los ríos andaluces están determinados por la intensidad de la precipitación en las sierras de la cordillera Penibética, lo que explica caudales importantes como el del Guadalquivir. A esta cuestión habría que añadirle el hecho de que los afluentes recogen el agua de amplias cuencas, lo que contribuye a concentrar todo el flujo en este gran río del sur (Guadalquivir no en vano significa "río grande").
Los ríos del este de la Península están determinados por el clima Mediterráneo, lo que explica sus fuertes "estiajes", la cantidad de agua sufre importantes variaciones en función de la estación, siendo muy limitado al final del verano. También están definidos por las crecidas en tiempo de tormentas, cuando arrastran grandes cantidades de material erosionado y llegan a variar su curso por la fuerza de las aguas. Caso especial es el río Ebro, que recibe un aporte de agua muy importante de toda la cuenca Pirenaica y de su cabecera cántabra. En un río largo que corre por la depresión de su mismo nombre, hundimiento tectónico entre la meseta y su borde oriental y los Pirineos.
MAPA3.jpg


Ahora que conocemos cómo están articulados, cómo se formaron y cómo están dispuestos, conviene no perderlos de vista y aprendernos (sólo podemos hacerlo de memoria) y para ello contamos con algunas herramientas muy útiles.La primera y principal para memorizar sería el mapa físico que tenéis en esta misma página. Tenéis también uno en el libro de texto y desde luego cualquier otro que podáis tener en vuestra casa en atlas o enciclopedias.
En segundo lugar la estupenda página de Mapas en Flash que vamos a utilizar por activa y por pasiva y donde podéis entrenar vuestra memoria. No dejaremos de agradecer a su autor Enrique Alonso, la generosidad de poner estos materiales al alcance de todos y evitarnos hacer estas cosas que hacíamos en tiempos los críos para aprender los mapas. (La fotografía pertenece al estupendo blog "Yo fue a EGB", que es lo que yo estudié y algunos de vuestros padres también y que recoge parte de nuestras rutinas escolares).
Mapa-conexiones-1.jpgEn tercer lugar aquí tenéis el mapa mudo y los términos que tenéis que aprender.
Por cierto, el del examen será EXACTAMENTE IGUAL
*NOTA - FE DE ERRATAS .- EN EL MAPA FÍSICO EL RÍO GUALAVIAR NO CORRESPONDE A SER UN AFLUENTE DEL GUADALQUIVIR. SE TRATA DEL RÍO GUADALIMAR (Gracias a quienes dudan, comprueban y se dan cuenta de los errores del profesor, Sara, Javier....., es muy fácil daros clase)