La marcha de la Guerra Carlista, a la que no se acababa de poner fin, y las presiones producidas por el ambiente de conspiración liberal y la epidemia de cólera de Madrid llevó a que en junio de 1835 Martínez de la Rosa terminara presentando su dimisión. Le sustituyo el conde de Toreno que nombró como ministro de Hacienda a Juan Álvarez Mendizabal con la intención de resolver los graves problemas de la Hacienda española que se ahogaba en un déficit enorme alimentado por las epidemias, el hambre, la crisis económica y la guerra. La situación provocó revueltas populares y acabó por hacer dimitir al conde de Toreno al que sucedió Mendizábal recién llegado de Londres. Mendizabal prometió la reforma del estatuto y procuró sobre todo, resolver las necesidades que la guerra exigía., hombres y dinero. Hizo un llamamiento a “quintas” que podía eximirse con dinero, que por un lado logró elevar el ejército a unos 227000 hombres y obtuvo el dinero que el ejército precisaba. Para ello, además de las redenciones del llamamiento a filas, contó con unas hábiles negociaciones en la Bolsa y a la desamortización de los bienes de las órdenes religiosas. Mendizabal prometió reformar la ley electoral y elevar el número de electores, sin embargo hubo de presentarse a las elecciones según las reglas establecidas en el Estatuto Real, a pesar de lo cual obtuvo una rotunda victoria. Sin embargo, el 15 de mayo de 1836 la regente destituyó a Mendizabal y lo sustituyó por Istúriz y la presión en las cortes de los liberales provocó una nueva convocatoria de elecciones. Sin embargo e las nuevas elecciones no contribuyeron a pacificar un panorama político que estalló en multitud de levantamientos a favor del restablecimiento de la Constitución de 1812. El 12 de agosto se producía el más señalado de los motines, el conocido como “motín de los sargentos de La Granja” o “motín de la Granja”, que forzó a cristina a dictar un decreto por el que se restablecía la constitución de Cádiz.

El motín de La Granja y las revueltas del verano del 1836 fueron también marcaron también la definitiva división del liberalismo entre moderados y progesistas. Los moderados integraban a los “estatutistas”, los partidarios del Estatuto Real al que se sumaron los liberales más reaccionarios conocidos como “cangrejos”. Estaban ideológicamente influidos por el liberalismo doctrinario francés, rechazaban el concepto de soberanía nacional y su propósito fue siempre reducir el sufragio lo más posible para evitar la participación de los sectores populares y más radicales de la población. Limitaron la participación de los vecinos en la elección de los ayuntamientos, rechazaban la milicia nacional y defendían la censura de la prensa.

Los progresistas defendían la soberanía nacional. Fueron en un principio, igual que los moderados, defensores del sufragio censitario y se oponían en este sentido a las tesis defendidas por demócratas y republicanos. Su posición en los ayuntamientos les enfrentó duramente a los moderados pues pretendían la elección directa de los alcaldes entre los concejales elegidos por los vecinos. . El partido progresista fue más complejo que el moderado, ya que en él se dieron cita diferentes sensibilidades, desde el republicanismo, al socialismo utópico o el obrerismo, además de un liberalismo más ambicioso que el moderado.

Fueron precisamente los progresistas quienes alcanzaron el poder tras el verano de 1836 con Calatrava quien contó de nuevo con Mendizabal para el Ministerio de Hacienda.

En octubre de 1836 se abrieron las sesiones de las cortes que tendrían como cometido fundamental redactar un nuevo texto constitucional para reformar el de 1812 y acomodarlo a “nuestro estado actual y al de la Europa”. Los moderados que habían participado en la conspiración de mayo habían huido del país y por ello las cortes eran mayoritariamente progresistas.

El texto de 1837 era un texto mucho más breve que la constitución del 12. Constaba de 77 artículos y pretendía regular a través de leyes orgánicas lo que en la constitución gaditana había sido recogido en el propio texto. La intención era establecer un texto estable que pudiera ser aceptado por progresistas y moderados. El sufragio era censitario y estaba limitado a la posesión de una mínima fortuna. Se hacía expresa mención a la soberanía nacional y los diputados eran elegidos de manera directa mientras el senado era elegido por el rey entre tres listas presentadas por cada una de las provincias.

Las cortes tomaron también algunas decisiones importantes como restablecer la ley de señoríos, revalidar la supresión de los gremios o publicar una ley nueva de imprenta. A constitución ponía para los moderados el punto final a la revolución política, los progresistas en cambio, confiados en poder a llevar a cabo reformas más profundas a través de las Leyes Orgánicas, se encontraron que cuando habrían de haberlas emprendido, el propio régimen electoral les había desplazado del poder.

En noviembre de 1937 se disolvieron las cortes constituyentes y una nueva ley electoral favorable a las altas clases sociales logró que una mayoría moderada se hiciera con el poder en las cortes. En 1840 los moderados dieron su paso más ambicioso reformando la Ley de Ayuntamientos, que reducía elnúmero de electores y elegibles, planteaba que los alcaldes fueran elegidos por el ministro de la Gobernación en la capitales y por el jefe político en lael resto de los municipos. De ese modo se quebraba el poder local que era en buena medida el refugio de los progresistas.

La regente, que estaba con su camarilla detrás de esta revuelta conservadora, trató de llegar a un pacto con Espartero, pero este exigió la anulación de la ley de Ayuntamientos, la disolución de las cortes y la destitución del gobierno. La aprobación de la Ley en julio de 1840 provocó una serie de revueltas y la formación de juntas revolucionarias que hicieron dimitir al gobierno. Este proceso se conoce con la revolución de 1840. La revolución llevó a que la María Cristina renunciara a la regencia, condujeron a Espartero al poder y consiguieron que en las elecciones de 1841 el partido progresista lograra la victoria. Las cortes tuvieron como primera ocupación la de elegir una nueva regencia, que recayó en Espartero quien la asumió en mayo de 1841.

Espartero, sin embargo traicionó las esperanzas puestas en el por el Progresismo. Su negativa a derribar la ciudadela y la muralla que rodeaba la ciudad de Barcelona y la rebaja de los aranceles que protegían de la competencia inglesa a los textiles catalanas, enconaron su enfrentamiento con los barceloneses. La sociedad de Barcelona estaba mucho más politizada y tenía canales de participación más activos que el resto de España, en buena medida a consecuencia de la industrialización de la ciudad. La actitud de Espartero llevó a un levantamiento popular que el regente aplastó de forma violentísima, bombardeando la ciudad desde la ciudadela de Montjuïc el 3 de diciembre de 1842. La represión fue brutal, disolvió la Asociación de Tejedores y cerró todos los periódicos menos el conservador Diario de Barcelona. De vuelta a Madrid disolvió las cortes en enero de 1843.

Las nuevas cortes tendrían una existencia accidentada dominada por el rechazo a la política de Espartero y la censura del regente. El enconamiento del enfrentamiento llevó a suspender las cortes lo que llevó a que los diputados al volver a sus provincias procuran en ellas organizar un levantamiento. Las revueltas empezaron a sucederse con la colaboración de los generales moderados. El movimiento fue encabezado por Narváez y O’Donell y su triunfo llevó al exilio de Espartero en el verano de 1843. En julio en medio de un Madrid atravesado de barricadas y unido en contra de Espartero, se decidió la convocatoria de elecciones y la renovación del senado. Las nuevas cotes se reunieron el 15 e octubre y procuraron, junto al gobierno provisional desactivar el movimiento revolucionario. Ela decisión más importante de este gobierno fue la de declarar a Isabel II mayor de edad el 8 de noviembre de 1843. De ese modo se evitaba la designación de un nuevo regente y el regreso de María Cristina, exiliada en Francia. El 10 de noviembre de 1843, Isabel II juraba la constitución y cesaba el gobierno provisional para que la reina ejerciera la prerrogativa de designar uno nuevo.