En 1902 subía al trono Alfonso XIII iniciando un reinado caracterizado por la inestabilidad de los gobiernos, que se sucedieron en número de treinta a lo largo del periodo (1902-1931).
Pueden distinguirse en el reinado cuatro etapas fundamentales, la primera (1902-1907) estuvo caracterizada por el respeto al turnismo establecido en la restauración. La segunda (1917-1923) es conocida por la historiografía como “La crisis del Parlamentarismo” durante la cual la crisis económica y las convulsiones sociales complicaron extremadamente la escena política y dificultaron el orden establecido por la constitución de 1876. La situación de crisis llevó a Alfonso XIII a amparar el golpe de Estado del general Primo de Rivera, que constituye la tercera parte de este reinado (1923-1930). Tras la caída del dictador el rey trató de volver al sistema de la Restauración pero la presión social y política lo impidió e hizo patente el rechazo al mismo en las elecciones municipales de abril de 1931 en las que nació la II República española. (1930-31)
En 1902 con el país aun afectado por la pérdida colonial de Cuba y Filipinas, el rey nombraba a Sagasta presidente de gobierno. La avanzada edad de Sagasta y la erosión de su figura tras la pérdida de las colonias que se había producido bajo su presidencia anterior, llevó a que apenas seis meses después el gobierno pasara a los conservadores. El partido conservador había perdido a su máxima figura, Canovas del Castillo, pero contaba con políticos de gran talla como Francisco Silvela o Raimundo Fernández Villaverde, por encima de todos ellos comenzaba a destacar Antonio Maura, quien acabaría liderando el partido hasta 1909.
En 1905 los liberales vuelven al poder, pero hasta el año 1907 en el que los conservadores recobran el gobierno, se suceden seis gabinetes. La inestabilidad y el descontento social se hacen patentes en el atentado anarquista del 31 de mayo de 1906, cuando al paso del cortejo nupcial de los reyes Mateo Morral arroja una ramo de flores con un artefacto explosivo dentro que provoca veintitrés muertos.
En el mismo año 1906 se celebra la Conferencia de Algeciras, en la que las potencias europeas resuelven la división de Marruecos en un doble protectorado, una provincia a cargo de Francia y la provincia del norte a cargo de España. El protectorado de Marruecos constituyó una ocasión esplendida para los militares de hacer carrera y las diferentes revueltas de la provincia servirían a toda una generación de militares para subir puestos en el escalafón por méritos de guerra.
En 1907 vuelve a la presidencia el partido conservador y Antonio Maura se hace cargo del gobierno. Este fue el gobierno más largo de todo el periodo (cerca de treinta y tres meses) pero también fue el que se enfrentó a la crisis más grave, la Semana Trágica.
Los sucesos de la Semana Trágica tienen su origen en la impopularidad de los reclutamientos que se hicieron para enviar tropas a Marruecos. El régimen de quintas suponía que fueran fundamentalmente las clases populares las que sostuvieran el esfuerzo militar. Un esfuerzo que además se hacía en unas condiciones penosas de equipamiento y preparación. El decreto del gobierno de julio de 1909 que ordenaba el envío de más tropas provocó un estallido de protestas que comenzaron en Barcelona, donde se realizaban buena parte de los embarques de soldados. En la organización de las protestas coincidieron los seguidores del político radical, Alejandro Lerroux, Solidaridad Catalana (que agrupaba a buena parte del movimiento nacionalista catalán), el PSOE y Solidaridad Obrera (agrupaba a más de un centenar de sindicatos de tendencia anarquista). La conjunción de fuerzas obreras planteó una huelga general que comenzó el 26 de julio,. El gobierno declaró el estado de guerra y a consecuencia de los enfrentamientos entre huelguistas y el ejército comenzó una insurrección general que se extendió a varias localidades de Cataluña. En el curso de la misma se asaltaron depósitos de armas, se incendiaron iglesias y conventos se multiplicaron los enfrentamientos armados en las calles que se prolongaron durante siete días. El ejército se impuso finalmente sobre los huelguistas y la insurrección fue sofocada dejando un centenar de muertos en las refriegas. Solidaridad Catalana y los lerrouxistas se apartaron del comité de huelga cuando este reclamó entre sus reivindicaciones, la instauración de una república, la defección de estos grupos debilitó el movimiento. Tras los sucesos de la Semana Trágica se inició una durísima represión que duró tres meses en los cuales cientos de personas fueron puesta bajo la jurisdicción militar, se dictaron sesenta cadenas perpetuas y se ordenó la ejecución de cinco personas, entre las cuales estaba el anarquista y director de la Escuela Moderna, Francisco Ferrer i Guardia. La ejecución de Ferrer i Guardia provocó un escándalo internacional, tanto por las irregularidades del proceso como por la importancia del condenado, quien con la Escuela Moderna había creado un modelo racionalista, laicista y de carácter libertario cuyo ejemplo había cundido en toda Europa.
A consecuencia de estos hechos el rechazo al gobierno de Maura se intensificó y el rey no tuvo más remedio que destituir al presidente del gobierno, cuya figura política caería en desgracia a partir de entonces.
La caída de Marua llevó al gobierno a los liberales, estos estaban dirigidos por un político con una gran experiencia ministerial, José Canalejas. La presidencia de Canalejas sería también de las más prolongadas aunque cuajada de cambio ministeriales. Canalejas inició algunas medias de carácter social que intentaron poner remedio a la inestabilidad social. La más significativa fue sin duda la conocida como Ley del Candado, cuyo objetivo era controlar el número de congregaciones religiosas establecidas en España. En 1911 suprimió el impopular impuesto de consumos. También reformó el servicio militar, origen del las revueltas barcelonesas de la Semana Trágica, y lo convirtió en obligatoria. También sacó adelante una serie de medidas sociales sobre la reglamentación de las jornadas de trabajo en las minas o la prohibición del trabajo nocturno para las mujeres. A pesar de ello las medidas no alcanzaron la trascendencia deseada y su gobierno sufrió los ataque de la izquierda sindical que se materializó en una serie de huelgas como la que en 1812 paralizaría el ferrocarril durante un mes entero. Canalejas logró resolver la situación militarizando al personal ferroviario. El 12 de noviembre Canalejas era asesinado en plena calle.
El rey mantuvo a los liberales en el gobierno, sustituyendo al asesinado Canalejas por el conde de Romanones, uno de los más claros exponente de las oligarquías de la restauración y del sistema caciquil. Durante su corta presidencia se planteó el problema de las alianzas europeas en las vísperas de la I Guerra Mundial, Romanones fue partidario de la alianza con Francia fundada sobre los intereses compartidos en Marruecos.
En 1913 el rey retiraba la confianza a Romanones y nombraba presidente del gobierno a Eduardo Dato, nuevo líder de os conservadores tras las caída en desgracia de Maura. Los conservadores estaban en ese momento divididos entre dos posturas, Maura y sus seguidores entendían prioritario desmontar la obra reformadora emprendida por los gobiernos liberales de Canalejas y Romanones. Para Dato y sus aliados lo más importante en ese momento era reforzar a la monarquía y por ende al propio régimen. Durante su mandato estalló la I guerra Mundial, conflicto en el cual el gobierno de Dato decidió permanecer neutral. En política interior Dato organizó la conocida como Mancomunidad de Cataluña. Una y otra decisión acabaron por provocar un intenso debate político que se intensificó con los gobiernos de Romanones (diciembre de 1915-abril 1917) y de García prieto (abril 1917). Dato, de nuevo en el gobierno, decretó el cierre del Parlamento para poner fin a la crisis.
El año 1917 marca el inicio del periodo conocido como “crisis del parlamentarismo” que se prolongaría hasta 1923. Durante ese tiempo se suceden trece gobierno que intentaron sin éxito poner freno a la conflictividad social y el enfrentamiento político.
La ruina del sistema había dado alas a los diferentes movimientos que se oponían al régimen. El nacionalismo catalán constituyó en Barcelona una Asamblea de Parlamentarios bajo la dirección de la Lliga catalana presidida por Frances Cambó y donde se dieron cita todos los partidos que no tenían un lugar dentro del oficialismo turnista. El nacionalismo catalán acabaría por crear a través de la Comisión Extraparlamentaria y de la Mancomunidad, un proyecto de Estatuto para Cataluña en 1919.
En 1910 se había fundado en Barcelona la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores) surgida de Solidaridad Obrera. La CNT y la otra gran central sindical, la socialista UGT, llegaron a un pacto de colaboración mutua, que llevaría a la huelga general de 1916. El sindicalismo ampliaba su influencia en todo el país, rebasando los límites de las ciudad y llegando a organizar revueltas campesinas, especialmente virulentas en Andalucía donde el sindicalismo anarquista alcanzó una amplia representación. Los propietarios medianos del norte de Castilla, sin embargo, fueron más sensibles a la doctrina social de la Iglesia que al sindicalismo internacionalista y crearon un sindicato de inspiración católica, la Confederación Nacional Católico Agraria (CONCA). En medio de esta situación el ejército creo sus propias organizaciones representativas, organizándose en las conocida como Junta Militares, que fueron aceptadas por el gobierno de Dato, consciente de la necesidad de contar con el apoyo del ejército para mantener la situación.
La Revolución Rusa contribuyó a agitar el panorama sindical y materializó las esperanzas revolucionarias de muchos de los líderes sindicales de la época. Dentro del ámbito socialista surgieron voces partidarias de unirse a la Tercera Internacional (la fundada por los comunistas soviéticos), de las cuales surgiría en 1920 el Partido Comunista de España.
La ciudad de Barcelona era en estos comienzos de la década de los años veinte un polvorín en el que se enfrentaban los pistoleros de la patronal y de los sindicatos. Dato se vio obligado a recuperar la calma de la ciudad sometiéndola a una brutal represión a cargo del gobernador militar. La violencia de la represión acabó por romper los pocos puentes existentes entre la izquierda sindical y el gobierno. El 8 de marzo de 1921 el propio Dato era asesinado por un pistolero anarquista en las cercanías de la Puerta de Alcalá. Se suceden a partir de entonces una serie de “gobiernos de salvación” tan breves como poco efectivos.
En Marruecos la situación se había tornado también muy compleja, pues bajo el caudillo rifeño Abd-el-Krim, la rebelión anticolonial había logrado hacerse fuerte. El general Silvestre trazó un plan para controlar la bahía de Alhucemas, en poder de las tropas de Abd-el-Krim e inició un avance de sus tropas que se verían sorprendidas en la localidad de Annual. La acción sorpresa de los rifeños provocó el pánico de las tropas españolas que cayeron masacradas sin capacidad para organizarse. Lo sucedido recuperó el adjetivo de “desastre” que había sido utilizado en la crisis de 1898, el conocido como “Desastre de Annual”, provocó una profunda crisis de gobierno y una crítica profunda a la organización del ejército. Para dilucidad responsabilidades se creó una comisión que concluiría en el llamado “Informe Picasso”, el cual lejos de resolver nada, complicó aun más la situación política y agitó a los propios militares. Las conclusiones del general Picasso, aludían no sólo a responsabilidades políticas sino también a graves responsabilidades militares, particularmente de los generales Berenguer y Navarro. El golpe de estado de Miguel Primo de Rivera paralizó la exigencia de unas y otras, dejando el sistema político de la Restauración en suspenso hasta 1930.